Los niños, los jóvenes y los que son como niños.
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Apenas ayer
las noticias en Puerto Rico hablaban de una joven adolescente que intento
quitarse su vida lanzándose del techo de la escuela. También escuché que muere
en su cama un joven hombre de 33 años, quien padecía de autismo, con un grado
de desnutrición avanzado.
Estas no
son las primeras noticias con contenido de problemas sociales tales como el
suicidio, desnutrición, violencia, falta de electricidad, de agua, de casas, de
comida, de servicios de salud, servicios de educación y más. Estos problemas no son algo nuevo en la
isla, pero algo que se hace más notable cada día a raíz del devastador huracán del
20 de septiembre.
Quién está
prestando atención a las necesidades de los más jóvenes, es mi pregunta. Se ve además
en los medios noticiosos la indignación de los adultos, marchando por las
calles, con piquetes, ventilando sus quejas y necesidades, con toda razón, por
los procesos tan increíblemente lentos por parte del gobierno y de algunos
sectores de la ciudadanía; y en muchas ocasiones por la falta de movilidad y
entusiasmo del mismo pueblo necesitado; pero, a dónde se quejan los niños, y
los jóvenes, quien los escucha a ellos.
En medio de
tanto reto que enfrentan las familias puertorriqueñas hoy día, haciéndole muy difícil
el suplir a sus hogares, tan así, que muchos han tenido que enviar a sus hijos
fuera de la isla para que tengan mejor calidad de vida de la que ellos, el núcleo
familiar, le pueden brindar por el momento, o se ha tenido que mudar la familia
entera.
El
Departamento de Educación Pública del país, ha fallado en cuanto a velar por
sus discípulos, su ubicación, su bienestar, y se colgaron en poder proveer un
sistema donde se pudiera comenzar la educación, los comedores escolares y la
tan importante sociedad escolar para los estudiantes aunque fuera en la plaza pública
de cada pueblo, ustedes DE, son responsables de todo esto y les fallaron.
En medio de
este caos, el futuro de Puerto Rico se encuentra frágil si no hacemos algo por
ellos. No es suficiente la intervención de las agencias pertinentes después de un
incidente, o una tragedia. Todos estos problemas sociales los cuales enfrentan
nuestros jóvenes están afectando y marcando sus vidas para siempre.
He visto
adultos que solían parecer muy centrados, “perder la tabla” en desesperación por
no tener servicio eléctrico, y estoy hablando de los que no dependían del
servicio para necesidades de salud, y los jóvenes, cuando se quejan porque no
pueden ver la tele, no pueden usar sus video juegos, no pueden tomar algo frio,
no tienen ya su juguete favorito, están en un refugio que les deteriora la
vida; qué le dicen, que se callen, que no fastidien, que se vallan a dormir,
que en África hay niños más pobres y no se quejan. Qué se le dice a un niño cuando
solo puede comer una comida fuerte al día, si tienen la dicha. En medio de la
oscuridad, qué piensan ellos, qué monstruos están invadiendo sus mentes. Con
tiempo libre tal vez en las calles, a qué se enfrentan, quienes los acechan.
El histórico
huracán cambió todo por completo, separó familias, separó a los jóvenes de sus
amigos, de sus escuelas, de sus pertenencias, de sus hogares, de sus barrios,
de su pueblo, de su cotidiano vivir, de sus alimentos, de la escuela, de la
electricidad, del agua potable, de la salud, de la confianza y de la esperanza.
Sin
embargo, en medio de tu reto, de tu dolor, de tu desesperanza, de tu frustración
de tu rabia, de tus miedos, de tus dudas y tantas necesidades; te digo, no, te
pido, que si tienes menores de edad a tu cargo, que pidas ayuda. Habla por esa
boca que te dio Dios, y diles a los vecinos, a los amigos, a la familia, a los
desconocidos, pero no sometas a tus niños y jóvenes a más de lo que puedan
soportar, que sí, aparecerá una mano dispuesta a ayudarte.
La pregunta
es; ¿quién escucha a nuestros niños y jóvenes? La respuesta es; Tú.
Que el
Universo confabule a tu favor.
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Girando Planeta
Actividades
sencillas para hacer en familia:
1. Todos los días a la misma hora,
hagan cita para compartir como les ha ido el día. Es sumamente importante que
cada integrante del grupo tenga tiempo para hablar y sea escuchado con
detenimiento. No se juzguen, más bien inspiren el uno al otro; recuerden,
ustedes no son enemigos, son familia. Se vale las expresiones de llorar, reír y
rabiar. Sugerencias: Cómo te sientes, qué piensas, cómo lo harías tú, cómo
crees que puedes ayudar, qué te haría sentir mejor, cómo te puedo ayudar, cómo
podemos lograrlo.
2. Compartan tareas y responsabilidades
de acuerdo a las capacidades de cada integrante. Nadie es muy chico para
ayudar, o muy grande para dejar de hacer algo.
3. Jueguen: jugar es sano para todos.
Correr juntos, juego de palabras, ejercicios, leer un libro en voz alta, inventar
cuentos orales como equipo. Hacer chistes.
4. Usar tonos de voz suave para
comunicarse en medio de dificultades.
5. Arte: Inventen coreografías familiares,
dibujen, escriban poemas, hagan una mini obra de teatro, canten, tomen fotos
familiares creativas, pinten, hagan un libro, reciclen materiales en algo que
le puedan sacar provecho.
6. Que puedes agregar tú, que sería
bueno para tu familia, tus niños y tus jóvenes.
