lunes, 18 de mayo de 2015

Barlovento




Salitre


Te enfrento, sin miedos, una de mis características.
Te miro seria, te miro de reojo, te miro directamente y 
parpadeo para que no me hagas llorar, porque
mas vale maña que fuerzas. 

Bajo mi guardia solo cuando tu bajas la tuya.
Me rodeas, me rosas, de frente, 
intentas estremeserme, no puedes.

Te desplazas en mi cuerpo de arriba hacia abajo, 
cual retando mis fuerzas, 
investigandome, tentandome, 
me quedo quieta, te siento y te resisto.

Llegas suave, desapareces, regresas voraz,
no me sorprendes, me quedo inerte. 
Juegas entre mis cabellos, te ignoro.

Estoy firme, tú lo sabes. 
¿Quién investigó a quién? 
¿Quién puede comprenderte?
¿Quién puede llegar a conocerme?


Tu necedad me da risa. Comienzo por un simple 
y restringido carcajar, el cual no sostengo,y lo suelto, 
no tengo porque restringirme, soy dueña de mis días de felicidad, y te lo arrojo a la cara.

Sabes, mientras me soplas, 
me siento como esos benditos seres 
que no entienden el chiste por primera vez.

Esos que justo cuando termina el remate del chiste, 
y todos rien a carcajadas, se orinan de la risa 
(algunos que conosco), ruedan por el piso, 
se agarran la pansa del dolor 
que da reirse con gusto, 
y hasta se les salen las lágrimas, 
este tipo de ser, en particular, solo sonrie, 
porque no entendió nada. 

Les llamo benditos, porque gracias a ellos, 
continúa el chiste, porque solo basta mirarles
 las caras de tontos, preguntando qué quería decir el remate 
y pidiendo que se les explique el chiste de nuevo, 
y eso, nada más, da más deseos de seguir riendo. 

Ellos se convierten en una extensión prolongada del chiste, 
haciendo el momento más gracioso, 
más divertido, más felíz. 
Por eso benditos. 

Aunque entiendo tu chiste, 
el remate no me parece gracioso. 
Sin embargo, me toca a mí ahora, 
reirme como los benditos 
que no entienden el chiste por primera vez, 
pero se lo gozan dos veces, 
me rio de último, 
y soy la impactante segunda ronda de felicidad.

¿Ya terminaste? Me volteo, te doy la espalda, 
intentas asotarme, no logras nada,
sigo mi camino, y tú... con el aroma de mi perfume 
enredado en el vuelo de tu ser.

Te exijo que me lleves, donde 
le sea agradable a otro ser, que a la orilla de una playa,
rebuscando en el silencio de sus recuerdos 
el repaso del inventario de lo vivido, 
al igual que a mí,
mi aroma como bálsamo de paz y orden de sentimientos, 
le llene sus vacíos.

Barlovento amarra a el perro... que estoy sobreabundando mis venas de salitre.
Bori 

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